lunes, 30 de diciembre de 2013

Poema 5: Nada será igual después de ella

Poema 5


Nada será igual después de ella,
todo para mí será distinto,
nada será igual, si ella se aleja,
destrozará mi corazón y mis sentidos.

Nada será igual, si ella se marcha,
buscando la felicidad que le he ofrecido,
ella se marchará, me dejará solo,
y solo yo no soy ni seré el mismo.

Si se queda o si se va,
en dos jugadas,
                        del mágico azar
mi vida se debate,
     se va buscando otro, se irá mañana,
buscando en el mundo,
                                    algún príncipe dorado,
algún otro hombre que como yo la ame,
   mientras yo la veo suspirando, cuando se aleja,
porque nada será igual si no está ella.


                                                           Emiro Marco.
                                                           17/V/95

Tomado de: Quince poemas de amor a una mujer de quince años

jueves, 12 de diciembre de 2013

Poema 4: ¿Qué eres tú, qué eres?

Poema 4


¿Qué eres tú, qué eres?
    oh sombra vaga de los sueños del ayer,
¿qué eres tú? mejor ¿quién eres?
  ¿un cadáver, un fantasma, qué?
   Tenebrosa sombra que ayer te cernías sobre mi dolor,
y que hoy regresas a retar mi corazón cobarde.
       Remordimiento negro, así es que te digo,
 no me abandones nunca,
            sin tí sería un vaso vacío,
¡un ave que triste se moriría de frío!
     En la fantasmal tiniebla nocturna
te apareces, como un perro extraviado,
me ordenas que te siga,
                                     y sin saber que hago,
     una eternidad de diez minutos,
que transcurren silenciosos al caminar,
  me llevan a la tumba de mi única amada,
     y se que aquella sombra no quiere que la olvide.


                                                           Emiro Marco.
                                                           14/V/95

Tomado de: Quince poemas de amor a una mujer de quince años.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Poema 3: Un paso

Poema 3


Un paso,
              sólo un paso,
 nos separa,
    quiero, me muero por dar ese paso,
y tocar tus labios con los míos.
      Pero dudo aún si doy el paso final,
el de confesarte mi amor,
¡cuatro años!
¡cuatro años amándote en secreto!
cuatro años y aún no me decido
a confesarte mi amor,
  o si suicido este amor, éstas ideas, este anhelo;
me sobran los motivos, no faltan los instantes,
                        no falta la emoción, la soledad,
el tiempo. Pero callo mi fatal secreto.
¡Ay, quien fuera el Creador! Si yo lo fuera,
        grabaría tu inmortal y bello nombre:
            Sonia Carolina.


                                                           Emiro Marco.
                                                           14/V/95

Tomado de: Quince poemas de amor a una mujer de quince años

domingo, 10 de noviembre de 2013

Poema 2: Te amo...

Poema 2


Te amo,
no puedo seguir ocultándolo,
    quiero que tú,
  mi amor secreto, lo sepas.
Tú no eres bella, eres divina,
                                            como la noche,
tú eres el ángel, y eres el verdugo,
te amo, estoy loco por tí, sólo es eso,
más mientras yo te amo, te llamo, y por tí,
sólo por tí, me muero,
tú, mientras yo te amo y te llamo,
me ignoras.
                  ¡Desengáñame de una vez por todas!
Dime sí, o dime no,
        pero se sincera,
por que si tú me mientes, oh mi amado verdugo,
y yo me entero,
serás la única culpable de mi muerte.


                                                           Emiro Marco.
                                                           14/V/95


Tomado de: Quince poemas de amor a una mujer de 15 años

miércoles, 30 de octubre de 2013

Poema 1: Que hermosa está la noche...

Poema 1


Que hermosa está la noche aunque no estás conmigo,
admirándola entre mis brazos,
como antes sucedía.
Te amo, y yo te extraño, aunque extraña me fuiste,
tú nunca me amaste,
tú sólo me heriste,
por eso en noches como ésta me siento el perdido,
que vaga en la ruta de su propio destino.
Tanto te quise,
    que ese día en que te marchaste,
entré al estudio, saqué la llave,
y observé una a una la colección de armas de mi padre,
tomé la más larga y poderosa,
la cargué lentamente, para saber que al final no me disparé.
Tu recuerdo sería peor que la muerte.
Que hermosas estrellas, y la pálida luna está muriendo,
pedazo a pedazo.
¡Que hermosa está la noche y aún no estás conmigo!


                                                           Emiro Marco.
                                                           14/V/95


Tomado de: Quince poemas de amor a una mujer de 15 años

sábado, 5 de octubre de 2013

Un sueño

"Llega un momento en la vida de todo muchacho rectamente constituido en que siente un devorador deseo de ir a cualquier parte y excavar en busca de tesoros. Un día, repentinamente, le entró a Tom ese deseo"
Mark Twain, Las aventuras de Tom Sawyer


En un momento de 1993, si mal no recuerdo entre septiembre y octubre, y muy seguramente, durante septiembre y octubre, sentí un devorador deseo de ir a cualquier parte, pero no a cavar aunque sí intuía que iba en busca de tesoros. Si bien ya había intentado algunas escaramuzas con las palabras (¿o es cara musa?), durante el final de 1993 escribí el que puedo considerar el primero de mis poemas, en forma de soneto, y posteriormente lo redondee con un segundo soneto con el fin de conformar un poema. Buscaba poner en palabras escritas, sílabas y párrafos, poner lo que no me atrevía a decir directamente con mi voz. Después de ese primer intento pasó tiempo sin terminar otro poema hasta que algunos meses después comencé a escribir, cada vez más.

Puso en su libro Darío Jaramillo: “Para el escritor que empieza debe ser fácil escribir. Si le resulta difícil, mala señal. Señal de que debe dedicarse a otra cosa. Para el escritor profesional debe ser muy difícil escribir. Si le resulta fácil, mala señal. Señal de descuido” (t. 2, p. 100). En realidad es así, pero quedo con la impresión que estoy lejos de llegar al lugar del escritor profesional: dejé de caminar muchos años. Y perdí el impulso del escritor amateur: cada vez que se me ocurre una idea se me hace imposible ponerla en palabras, articularla, darle claridad. Sin nada de lo anterior, no puede permitírsele que cada frase descubra su belleza, y años de leer en rima no llevan a desarrollar el sentido del ritmo, ese que viene del latido del corazón, del susurrar del viento, que es en últimas el que forma los versos y les da métrico y sonoridad: no es, como alguna vez creí, la rima consonante, las estrofas en una determinada configuración, etcétera. El ritmo, la música, se manifiestan en la forma, no en la visual, sino en la lectura, y no puede forzarse, por más que se quiera.

Hace ya 20 años empecé a escribir, algunas cosas con acierto, otras no tanto. Por hoy quiero compartir ese primer esfuerzo, a sabiendas que el buen escritor es el que sabe que NO publicar, más que por lo que publica. Este primer intento, que llevó meses para culminarse, para dejarse "terminado", queda a su disposición.



Un sueño. 

I

Cuando estoy lejos de tí un murmullo
que lanza en la noche un arroyo cantor,
descubre mi sueño con su hermoso arrullo.
Un sueño mío de que tengo tu amor.

Más ay de mí si confío en ello,
pues al despertar siempre cambia mi ceño.
Esto es secreto, imposible pero es bello.
Sólo es ilusión, esto es un sueño.

Se que no me amas, sufro mi martirio,
el que tu me ames es casto delirio.
Esto en la noche lo cree mi corazón.

Pero al despertar suspiro por tu amor,
sangra mi pecho, esto es un dolor,
en la realidad es distinto, dice mi razón.

II

En la tarde me alegro cuando llega la noche,
y mi alma en aquellos sitios se va a vagar.
Mi razón me hace un mudo reproche,
por contentarme sólo con soñar.

Que es cierto mi sueño, en eso confío,
cuando mi alma goza de felicidad.
Se interrumpe por un grito, grito mío.
¿Quién destruye mi sueño? La cruel realidad.

Dime quién se desvive y sufre por tí.
Quién, sólo dime quién se atormenta así.
Tengo ganas de morir, de morir risueño.

Pero lo olvido cuando oscuro está el cielo,
pues muy pronto llega mi único consuelo.
Una ilusión, una fantasía. Es un sueño.

                                                           Julio Gómez.
                                                           1993.