"Llega un momento en la vida de todo muchacho rectamente constituido en que siente un devorador deseo de ir a cualquier parte y excavar en busca de tesoros. Un día, repentinamente, le entró a Tom ese deseo"
Mark Twain, Las aventuras de Tom Sawyer
En un momento de 1993, si mal no recuerdo entre septiembre y octubre, y muy seguramente, durante septiembre y octubre, sentí un devorador deseo de ir a cualquier parte, pero no a cavar aunque sí intuía que iba en busca de tesoros. Si bien ya había intentado algunas escaramuzas con las palabras (¿o es cara musa?), durante el final de 1993 escribí el que puedo considerar el primero de mis poemas, en forma de soneto, y posteriormente lo redondee con un segundo soneto con el fin de conformar un poema. Buscaba poner en palabras escritas, sílabas y párrafos, poner lo que no me atrevía a decir directamente con mi voz. Después de ese primer intento pasó tiempo sin terminar otro poema hasta que algunos meses después comencé a escribir, cada vez más.
Puso en su libro Darío Jaramillo: “Para el escritor que empieza debe ser fácil escribir. Si le resulta difícil, mala señal. Señal de que debe dedicarse a otra cosa. Para el escritor profesional debe ser muy difícil escribir. Si le resulta fácil, mala señal. Señal de descuido” (t. 2, p. 100). En realidad es así, pero quedo con la impresión que estoy lejos de llegar al lugar del escritor profesional: dejé de caminar muchos años. Y perdí el impulso del escritor amateur: cada vez que se me ocurre una idea se me hace imposible ponerla en palabras, articularla, darle claridad. Sin nada de lo anterior, no puede permitírsele que cada frase descubra su belleza, y años de leer en rima no llevan a desarrollar el sentido del ritmo, ese que viene del latido del corazón, del susurrar del viento, que es en últimas el que forma los versos y les da métrico y sonoridad: no es, como alguna vez creí, la rima consonante, las estrofas en una determinada configuración, etcétera. El ritmo, la música, se manifiestan en la forma, no en la visual, sino en la lectura, y no puede forzarse, por más que se quiera.
Hace ya 20 años empecé a escribir, algunas cosas con acierto, otras no tanto. Por hoy quiero compartir ese primer esfuerzo, a sabiendas que el buen escritor es el que sabe que NO publicar, más que por lo que publica. Este primer intento, que llevó meses para culminarse, para dejarse "terminado", queda a su disposición.
Un sueño.
I
Cuando estoy lejos de tí un murmulloque lanza en la noche un arroyo cantor,
descubre mi sueño con su hermoso arrullo.
Un sueño mío de que tengo tu amor.
Más ay de mí si confío en ello,
pues al despertar siempre cambia mi ceño.
Esto es secreto, imposible pero es bello.
Sólo es ilusión, esto es un sueño.
Se que no me amas, sufro mi martirio,
el que tu me ames es casto delirio.
Esto en la noche lo cree mi corazón.
Pero al despertar suspiro por tu amor,
sangra mi pecho, esto es un dolor,
en la realidad es distinto, dice mi razón.
II
En la tarde me alegro cuando llega la noche,y mi alma en aquellos sitios se va a vagar.
Mi razón me hace un mudo reproche,
por contentarme sólo con soñar.
Que es cierto mi sueño, en eso confío,
cuando mi alma goza de felicidad.
Se interrumpe por un grito, grito mío.
¿Quién destruye mi sueño? La cruel realidad.
Dime quién se desvive y sufre por tí.
Quién, sólo dime quién se atormenta así.
Tengo ganas de morir, de morir risueño.
Pero lo olvido cuando oscuro está el cielo,
pues muy pronto llega mi único consuelo.
Una ilusión, una fantasía. Es un sueño.
Julio Gómez.
1993.
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